En nuestra sociedad se ha tratado el tema de la muerte durante mucho tiempo como un tabú. La realidad cultural nos enseña que no hay que hablar de muerte, aún estemos frente a un moribundo. El mismo moribundo tampoco quiere hablar de muerte y todo el que lo visita, conociendo la situación le desea al enfermo en la antesala de muerte, que se mejore. Es difícil por no decir imposible culturalmente hablando, plantearle al moribundo la posibilidad de su muerte, aunque inconsciente o conscientemente exclame con frecuencia: "me estoy muriendo".
¿Porqué la gente tiene miedo a la muerte?
Es probable que si a usted le hacen esta pregunta, es seguro que su repuesta sería guardar un silencio momentáneo y/o tartamudear, hasta finalmente intentar una respuesta que seguramente sería: "pues no se"... "creo que nadie quiere morir y por eso no quiere hablar ni saber"... "porque no sabe lo que es"..."eso da miedo".
Intentar responder esa pregunta es realmente difícil, a menos que ya estemos de antemano preparados para responder lo se nos enseñó a través de la cultura religiosa, ya que la ciencia no da explicación más allá de lo que se considera un proceso normal de la biología humana y de todo ser viviente. La lógica pensante, dice que todo lo que nace muere. El poeta recomienda, que antes de morir, debes sembrar un árbol, escribir un libro y tener un hijo, que será la única forma de no morir para siempre. Todas estas consideraciones acerca de la muerte pueden ser aceptadas o no, pero el sentimiento no se toma en cuenta y la realidad es que la gente manifiesta temor frente a la muerte.
Yo entiendo que para contestar el porque la gente tiene miedo a la muerte, tendríamos que ir atrás en nuestra experiencia propia ante el primer impacto emocional sentido en la vivencia cercana de una pérdida por causa de la muerte física.
Yo entiendo que para contestar el porque la gente tiene miedo a la muerte, tendríamos que ir atrás en nuestra experiencia propia ante el primer impacto emocional sentido en la vivencia cercana de una pérdida por causa de la muerte física.
Si yo tuviera que responder esa pregunta, diría que desde pequeña, la muerte era algo así como el "cuco", pues en mi medio las frases de "te va a salir el muerto", era algo que te impedía entrar a un cuarto oscuro, o a cerrar los ojos sin dormir antes de que apaguen la luz.
Esta conceptualización de la muerte, hizo que viera la realidad de la muerte a mi alrededor, como algo inquietante. Cuando un vecino moría, me llenaba de terror, y la imagen de la persona se incrustaba en mi mente de tal forma que no había rezos, ruegos, promesas, para que se alejara de allí, y sentía como si la persona fallecida, estuviera cerca, detrás o en medio del grupo que no hacía más que hablar de lo mismo, del ahora llamado difunto... que si dijo... que si hizo... que... tantas cosas.
Durante los nueve días de funerales o rezos y horas santas, el ambiente triste y de llantos de amigos y familiares parecía el cementario mismo, donde todos parecían caminar como en las películas de zombis, en cámara lenta y con los ojos rojos de tanto llorar, donde por más rápido que se corre, los zombis siempre les alcanzan.
Durante los nueve días de funerales o rezos y horas santas, el ambiente triste y de llantos de amigos y familiares parecía el cementario mismo, donde todos parecían caminar como en las películas de zombis, en cámara lenta y con los ojos rojos de tanto llorar, donde por más rápido que se corre, los zombis siempre les alcanzan.
Esta imagen fue la que me dio una compresión de la muerte, es algo que no importa lo que te cuides, alimentes, ejercites para no envejecer y retrasarla, ella siempre vendrá y te alcanzará. Comprendí que es lo más seguro que tenemos después de nacer, por lo que sobrevivir el tiempo que llamamos edad, es como una lotería diaria donde cada día que te despierta después de dormir, tendrías que exclamar con júbilo: "!estoy vivo!", "no morí!", porque realmente cuando preguntas que pasó mientras dormías profundamente, te imaginas que así debe ser morir... !nada sabes!
Aún recuerdo lo que para mi es la primera impresión que tuve al saber que alguien conocido murió. No podía entender lo que pasaba pero el murmullo y azoramiento de mi madre, la nana y las vecinas, me asustaron tanto, por las expresiones de sus ojos asorados y abiertos por la incredulidad. En ese momento mi amiga Lupe casi de mi misma edad mientras estaba atada a la falda de su madre quien conversaba con el grupo, me dijo: "Ivon se murió".
Un miedo me enfrió... enmudesí y corrí entrando a mi casa mientras las vecinas entre ellas mi madre continuaban murmurando bajo. Mas tarde en la noche ya, la mayor de mis amiguitas, llegó con el grupo a buscar a mi hermana y a mi para ir a ver a "coquito", así llamabamos a nuestro amiguito Luis, el hermanito de Ivon. La verdad es que no quería, el miedo me paralizaba, dos casa más allá de la mía, el gentío se reunía, y el llanto y los gritos que se escuchaban, me asustaban más aun. Pero me tomaron de la mano y me dejé llevar.
Todas se acercaron al pequeño ataúd. Ivon solo tenía dos años. El grupo compuesto por niñas de seis, siete, ocho y nueve años de edad, yo tenía seis. No quise acercarme ni ver, y entonces voltee hacia coquito, Marta, Oswaldo y Papi, los hermanos de Ivon. Todos estaban abrazados a Tanita su madre y lloraban desconsoladamente.
Salí de allí caminando rápidamente en dirección a mi casa, dejando al grupo en el velatorio. Esa noche no podía dormir, la imagen del pequeño ataúd no desaparecía de mi mente, y tampoco no podía imaginar a Ivon, ahí dentro. La visualizaba bonita, corriendo y jugando con su lindo vestido verde forrado de organdí, que su madre hizo para ella... luego me ví en el patio de la casa de Ivon, su nana colocó su lindo vestido verde en lo alto de la caseta del patio, pero pude darme cuenta luego que Ivon lo tenía puesto... pero ella no tenía pies! Sus pies estaban cortados y yacían en el suelo, secos, eran como de madera vieja, color hueso, creo que eran de hueso, como si se los hubieran quitado a una estatua... Alguien me sacudía violentamente por los hombros, mientras decía: !despierta, que es eso de estar durmiendo a las diez de la mañana!
Todo había pasado. Ivon no existía ya más. Eso era morir: desaparecer. Después de un tiempo, murieron más personas en el barrio y todas esas muertes causaron en mi las mismas angustias de miedo. Murió una madre, un joven, la vecina Aurora quien días antes de morir, me había dicho que le pasara un paño que dejó caer mientras limpiaba una ventana. Oh!.. esa imagen hasta hoy es vívida en mi mente y no puedo olvidar el llanto enloquecido de mi amiguita Raisa por la partida de su madre. Y la gente siguió muriendo y naciendo a la vez. Nació mi hermano Alberto, murió mi abuelo José, nació mi hermano Benjamín, murió mi padre. Mientras continuo creciendo, aprendí que la gente nace y muere.
Ya tenía más de trece años cuando empecé a tener ¿"experiencias"? con los casos de muerte en nuestro medio cercano. Ahora continuaba teniendo sueños relacionados con lo acontecido. Muchos de ellos eran impresionantes, pero que podríamos definir como pesadillas. Ya con esta edad, se esconde el miedo tras el juego y burlas entre los mozarbetes, lo cual significa que como quiera te cagas del miedo.
En esta edad, recuerdo una de las partidas más impresionante en mi vecindario, la muerte de "Mamacita" una morena fuerte, madre de Pichín, Dulce, Cachón, Niña, Diógenes, Ángel y Bebito. Eran de raza negra, y celebraban lo que llaman una "fiesta de palos", creencia para despedir los nueve días de un pariente fallecido. Hasta ahí, no había nada extraño, a no ser por las características que rodearon su muerte.
Sentada en la escalera de la cocina que daba al patio Mamacita se estrujaba sus pies, de los cuales se desprendía lo que ella llamaba "la cachaza", callosidades blandas luego de un buen baño, al tiempo que bebía de una jarra de agua de azúcar parda. Mientras hacía esto, yo miraba con extrañeza, pues las cosas de esta familia siempre llamaban mi atención. Me miró y me dijo con su acento tropezao: "beba agua de asúca, qu'eso da sangre y uté'tá muy decoloría".
Mientras seguía raiendo sus talones con los dedos, entonces comentó: mira todo lo que se me está quitando, dizque eso da tres días antes de morirse. Solo mencionar la palabra morirse, me dio miedo, recogiendo por todo mi cuerpo un estremecimiento.
Esa tarde partieron todos en esa familia al campo a la "fiesta de palos" o "velación", cuando regresaron al anochecer, Mamacita se quejó de un fuerte dolor de cabeza, y la llevaron al Hospital. Ya en su casa era bien entrada la noche cuando la dieron de alta. Ya en la casa, todas las vecinas corrían a la casa de Mamacita, pues parece que ella estaba "montada" y el caballo era haitiano, porque hablaba creol, eso era lo que decían. (montarse es una creencia espiritista o santería, donde la persona se desdobla y tal pareciera que no es ella quien habla, sino el espiritu que la posee o monta).
Jesusa le pasó a su hija Ángela de seis meses para que la "santiguara", aconsejada por las demás mujeres que ahí estaban, como algo que debía aprovechar. Mamacita que mientras hablaba parecía un hombre, por el timbre de voz, tomó a la pequeña y le dio una voltereta o maroma sobre sí misma, mientras murmuró algo que no entendí, a pesar de conocer el francés. Alguien exclamó: !los muchachos afuera! y todos nos alejamos.
Eran la cinco de la mañana cuando alguien tocó nuestra puerta llamando a mi madre, mientras apurado exclamó: !rápido! una vela que se muere Mamacita!... Uy!... el terror se apoderó de mi, me cubrí de pies a cabeza y a pesar del terrible calor no sudé nada, solo escuchaba murmullos y pasos agitados. Y vino a mi mente la frase "eso da tres días antes de uno morirse", que escuché de labios de quien ahora se estaba muriendo.
A diferencia de los acontecimientos anteriores, esta gente no gritaba ni lloraba, y todo lo contrario, decían que no lo hicieran, porque si lo hacían, ella moriría de verdad! Santo cielo, eso era confuso. Salió el sol y todos esperaban a un señor que llevaría a cabo una ceremonia, y hasta que no llegara nadie podía llorar. Al fin llegó un hombre negro con la cabeza cana y con traje formal, un "macuto" o bolso en el cual tenía metida sus manos. Otra vez, todos debían abandonar el lugar, yo observaba desde lo alto de la cocina de mi casa.
Al rato, sale el señor diciendo mientras movía la cabeza a ambos lados en forma negativa, "no hay nada que hacer... la vendieron y no se podía llorar". Entonces fue escuchado el griterío más grande que haya escuchado jamás en mi vida, todo aquél llanto y dolor reprimido por la madre muerta, explotó.
No se lo que pasó, pero todos los vecinos se fueron del lugar. Abandonaban durante las noches y solo permanecían en el día. Solo Altagracia, la vecina próxima que yo pensaba que eran hermanas, no abandonó el lugar. No hubo rezos ni horas santas en el lugar pues el funeral se hizo en el campo de donde era oriunda esa familia. Pero la noches eran tenebrosas, daban miedo! antes de marchar al anochecer, todos cerraban temprano las puertas y ventanas que daban a esa vivienda, y se podía escuchar ruidos de alguien lavando o fregando platos, cuando en el lugar no había nadie. Todos andaban con miedo y decían que hasta que no pasaran los nueve días, la fallecida continuaba con sus afanes en espíritu. Una noche de esas todos corrimos, pues mientras lavábamos los platos después de cenar, algo dio golpes vibrantes en el techo, y no había segundo piso.
Pudiera contar aquí muchas historias relacionadas con el tema, pero lo contado hasta ahora muestra que tenemos miedo a la muerte por las actitudes, decires y ritos que acostumbra la gente hacer y que realidad o no, las pesadillas, alucinaciones o realidades visuales o auditivas que sentimos frente al acontecer funerario, combinados con lo aprendido, desarrollaron el miedo a la muerte. Apoyo mi criterio, en la teoría del aprendizaje: aprendemos a temer a la muerte como aprendemos cualquier cosa en esta vida.
Cada persona tendrá en su haber experiencias relacionadas con la muerte de allegados o familiares, pero debe buscar en el ayer de sus vidas la primera experiencia vivida, recordar como le afectó, como lo entendió y así, podrá descubrir de donde le viene el miedo a la muerte. Aunque esto siempre es individual, hay que reconocer que la generalidad tiene miedo a la muerte... el que diga que no es así... miente!
Gracias por compartir este nuestro blog. Deja tu comentario. FLAVIA PEGUERO.
Propiedad de la administradora de la página Flavia peguero. Protegida por ley de derecho de autor 00-65 de la R. D. con aval internacional.
Todo había pasado. Ivon no existía ya más. Eso era morir: desaparecer. Después de un tiempo, murieron más personas en el barrio y todas esas muertes causaron en mi las mismas angustias de miedo. Murió una madre, un joven, la vecina Aurora quien días antes de morir, me había dicho que le pasara un paño que dejó caer mientras limpiaba una ventana. Oh!.. esa imagen hasta hoy es vívida en mi mente y no puedo olvidar el llanto enloquecido de mi amiguita Raisa por la partida de su madre. Y la gente siguió muriendo y naciendo a la vez. Nació mi hermano Alberto, murió mi abuelo José, nació mi hermano Benjamín, murió mi padre. Mientras continuo creciendo, aprendí que la gente nace y muere.
Ya tenía más de trece años cuando empecé a tener ¿"experiencias"? con los casos de muerte en nuestro medio cercano. Ahora continuaba teniendo sueños relacionados con lo acontecido. Muchos de ellos eran impresionantes, pero que podríamos definir como pesadillas. Ya con esta edad, se esconde el miedo tras el juego y burlas entre los mozarbetes, lo cual significa que como quiera te cagas del miedo.
En esta edad, recuerdo una de las partidas más impresionante en mi vecindario, la muerte de "Mamacita" una morena fuerte, madre de Pichín, Dulce, Cachón, Niña, Diógenes, Ángel y Bebito. Eran de raza negra, y celebraban lo que llaman una "fiesta de palos", creencia para despedir los nueve días de un pariente fallecido. Hasta ahí, no había nada extraño, a no ser por las características que rodearon su muerte.
Sentada en la escalera de la cocina que daba al patio Mamacita se estrujaba sus pies, de los cuales se desprendía lo que ella llamaba "la cachaza", callosidades blandas luego de un buen baño, al tiempo que bebía de una jarra de agua de azúcar parda. Mientras hacía esto, yo miraba con extrañeza, pues las cosas de esta familia siempre llamaban mi atención. Me miró y me dijo con su acento tropezao: "beba agua de asúca, qu'eso da sangre y uté'tá muy decoloría".
Mientras seguía raiendo sus talones con los dedos, entonces comentó: mira todo lo que se me está quitando, dizque eso da tres días antes de morirse. Solo mencionar la palabra morirse, me dio miedo, recogiendo por todo mi cuerpo un estremecimiento.
Esa tarde partieron todos en esa familia al campo a la "fiesta de palos" o "velación", cuando regresaron al anochecer, Mamacita se quejó de un fuerte dolor de cabeza, y la llevaron al Hospital. Ya en su casa era bien entrada la noche cuando la dieron de alta. Ya en la casa, todas las vecinas corrían a la casa de Mamacita, pues parece que ella estaba "montada" y el caballo era haitiano, porque hablaba creol, eso era lo que decían. (montarse es una creencia espiritista o santería, donde la persona se desdobla y tal pareciera que no es ella quien habla, sino el espiritu que la posee o monta).
Jesusa le pasó a su hija Ángela de seis meses para que la "santiguara", aconsejada por las demás mujeres que ahí estaban, como algo que debía aprovechar. Mamacita que mientras hablaba parecía un hombre, por el timbre de voz, tomó a la pequeña y le dio una voltereta o maroma sobre sí misma, mientras murmuró algo que no entendí, a pesar de conocer el francés. Alguien exclamó: !los muchachos afuera! y todos nos alejamos.
Eran la cinco de la mañana cuando alguien tocó nuestra puerta llamando a mi madre, mientras apurado exclamó: !rápido! una vela que se muere Mamacita!... Uy!... el terror se apoderó de mi, me cubrí de pies a cabeza y a pesar del terrible calor no sudé nada, solo escuchaba murmullos y pasos agitados. Y vino a mi mente la frase "eso da tres días antes de uno morirse", que escuché de labios de quien ahora se estaba muriendo.
A diferencia de los acontecimientos anteriores, esta gente no gritaba ni lloraba, y todo lo contrario, decían que no lo hicieran, porque si lo hacían, ella moriría de verdad! Santo cielo, eso era confuso. Salió el sol y todos esperaban a un señor que llevaría a cabo una ceremonia, y hasta que no llegara nadie podía llorar. Al fin llegó un hombre negro con la cabeza cana y con traje formal, un "macuto" o bolso en el cual tenía metida sus manos. Otra vez, todos debían abandonar el lugar, yo observaba desde lo alto de la cocina de mi casa.
Al rato, sale el señor diciendo mientras movía la cabeza a ambos lados en forma negativa, "no hay nada que hacer... la vendieron y no se podía llorar". Entonces fue escuchado el griterío más grande que haya escuchado jamás en mi vida, todo aquél llanto y dolor reprimido por la madre muerta, explotó.
No se lo que pasó, pero todos los vecinos se fueron del lugar. Abandonaban durante las noches y solo permanecían en el día. Solo Altagracia, la vecina próxima que yo pensaba que eran hermanas, no abandonó el lugar. No hubo rezos ni horas santas en el lugar pues el funeral se hizo en el campo de donde era oriunda esa familia. Pero la noches eran tenebrosas, daban miedo! antes de marchar al anochecer, todos cerraban temprano las puertas y ventanas que daban a esa vivienda, y se podía escuchar ruidos de alguien lavando o fregando platos, cuando en el lugar no había nadie. Todos andaban con miedo y decían que hasta que no pasaran los nueve días, la fallecida continuaba con sus afanes en espíritu. Una noche de esas todos corrimos, pues mientras lavábamos los platos después de cenar, algo dio golpes vibrantes en el techo, y no había segundo piso.
Pudiera contar aquí muchas historias relacionadas con el tema, pero lo contado hasta ahora muestra que tenemos miedo a la muerte por las actitudes, decires y ritos que acostumbra la gente hacer y que realidad o no, las pesadillas, alucinaciones o realidades visuales o auditivas que sentimos frente al acontecer funerario, combinados con lo aprendido, desarrollaron el miedo a la muerte. Apoyo mi criterio, en la teoría del aprendizaje: aprendemos a temer a la muerte como aprendemos cualquier cosa en esta vida.
Cada persona tendrá en su haber experiencias relacionadas con la muerte de allegados o familiares, pero debe buscar en el ayer de sus vidas la primera experiencia vivida, recordar como le afectó, como lo entendió y así, podrá descubrir de donde le viene el miedo a la muerte. Aunque esto siempre es individual, hay que reconocer que la generalidad tiene miedo a la muerte... el que diga que no es así... miente!
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